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EL ARTE DE GUARDAR HIELO Y LA VERGUENZA DE VENDER HUMO

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El arte de guardar el frío y la vergüenza de vender humo Se dice que en Onil las muñecas no se fabrican: nacen. En ese rincón de Alicante, dentro de un palacete de tres plantas que parece sostener la respiración, viven mil doscientas figuras que miran sin parpadear. Son criaturas de otra época, algunas nacidas en 1850, cuando la infancia todavía no era un material descartable de plástico ni servía de combustible para los mercados. Hay algo perturbador y a la vez magnético en esa calma antigua; una obstinación silenciosa de las cosas que, de tanto quedarse quietas, terminan fabricando la memoria de todo un pueblo. 📚 Pero Onil no siempre vivió de los cuerpos de porcelana. Antes de las muñecas, vivió de un tráfico mucho más esquivo: el frío. 📖 ¿Hielo en Alicante? Suena a oxímoron, a una de esas bromas que el tiempo le gasta a la geografía. Pero ahí están los pozos, hondos y circulares, como cicatrices en la piedra. Los hombres de Onil sabían algo que nosotros olvidam...

EL AMO JUEGA AL ESCLAVO

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Hace poco, en nuestra aldea —que no es Macondo pero se le parece bastante—, alguien que se autopercibe comunista salió a hacer una defensa cerrada de una institución bancaria. No un banco cooperativo, no una caja mutual, no una cooperativa de obreros: un banco, a secas, con su mármol, su logo pulido y su vocación de interés compuesto. 📚 No hace falta ser un intelectual de fuste, ni haber subrayado con devoción El capital , para saber que un militante de la teoría clásica del comunismo —Marx, Engels y sus continuadores, esa gente que escribía largo y pensaba en serio— no debería aplaudir a los bancos tal como existen en el capitalismo. El manual básico del militante comunista, el de tapas gastadas, dice cosas bastante simples: que los bancos controlan el crédito y el dinero, que concentran capital privado, que obtienen ganancias a través del interés y que, en el proceso, refuerzan la desigualdad económica. No es una interpretación maliciosa: es lo que dice el dogma. 📖 ...

Siempre tendremos promesas

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Hace algunos días hablábamos de París, esa ciudad que tiene la capacidad de hacerte creer que siempre estuvo ahí, como si los edificios hubieran nacido al mismo tiempo que el río, como si alguien los hubiera apoyado con cuidado siglos atrás y nadie se hubiera atrevido a moverlos desde entonces. Es una ilusión, claro. París también es una ciudad llena de ideas que fracasaron, de proyectos que nadie recuerda y de monumentos que estuvieron a punto de no existir. La Torre Eiffel es, quizá, el mejor ejemplo de todo eso. 📚 La historia oficial dice que la torre —símbolo universal de la capital francesa— toma el nombre de su constructor: Gustave Eiffel, ingeniero diplomado por la Escuela Central de París. Un emprendedor de las construcciones metálicas, con antecedentes de peso: el pilar central de la Estatua de la Libertad lleva su firma. 📖 Pero toda historia oficial tiene su lado B. Y acá aparece la leyenda: que la empresa de Eiffel fue la constructora, pero que el dise...

Si París no es una fiesta, siempre tendremos Casablanca

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Una amiga muy querida que vive en París me contó, días después de Navidad, que en la ciudad ya casi no se siente el espíritu navideño de otros tiempos. No lo dijo con reproche ni con nostalgia militante, apenas como quien señala un cambio en el aire. Y arriesgó una explicación: la ciudad está hecha hoy de muchas religiones y muchas formas de creer, y aquella Navidad homogénea que recordábamos parece haberse diluido en esa mezcla. No faltaban las luces ni los árboles en las vidrieras —eso siempre está—, pero algo del clima festivo parecía haberse apagado. París sigue siendo París, sólo que ahora su Navidad es apenas una más entre tantas maneras de estar en el mundo. 📚 En otra época este relato quizá nos habría parecido extraño, porque al fin y al cabo París siempre fue una mezcla de culturas y religiones. Pero aun así, no deja de resultar un poco fabuloso esto que pasa ahora, como si la ciudad hubiera cambiado de piel sin que nadie lo notara del todo. Tan raro —o tan dis...

EL ARTE DE PERDER

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📚 Esta columna podría empezar apropiándose —y torciendo un poco— un viejo poema. Algo así: “Esta es la aldea de los locos. Estos son los hombres y mujeres que viven en la aldea de los locos”. Y entonces ir agregando un nuevo elemento en cada frase. “Este es el reloj que marca el tiempo trágico de los hombres que viven en la aldea de los locos”. Cada estrofa crece como un espiral que todo lo abarca, hasta que uno descubre que ese versito casi infantil, casi neutro… en realidad no termina nunca. Y que, tal vez, lo mejor sea volver al principio. 📖 Juan Forn rescató el poema y la historia en una de sus columnas de los viernes. La autora era Elizabeth Bishop. Y el hombre al que se refería en aquel poema infinito era Ezra Pound. Pound fue un poeta vanguardista. Un poeta maldito no por su obra, sino por su cercanía al fascismo de Mussolini. Uno de esos personajes que parecen condenados a vivir atrapados en una espiral. 🕊️ La historia de Manchester, en ca...

OJALÁ QUE LA CIUDAD SE INUNDE, de libros

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La Navidad, en Islandia, tiene un sabor distinto. Los islandeses celebran la Nochebuena y el día de Navidad leyendo. Todo empezó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando casi nada podía importarse, salvo el papel. Y así, los libros se convirtieron en regalos naturales, necesarios, hermosos. Una costumbre que, con los años, se fue haciendo tradición. Tanto que incluso adquirió un nombre: Jólabókaflód . La palabra es casi imposible de pronunciar, pero significa, casi literalmente, la inundación de libros en Navidad. 📖 Y no es solo un día ni solo una noche. Jólabókaflód es toda la temporada que va de noviembre a los días de Navidad. Porque en noviembre llega a los buzones el bókatídindi , un catálogo con todas las novedades editoriales. Es entonces cuando los islandeses eligen los libros que más les enamoran, los que querrán regalar y los que querrán leer una y otra vez. 📚 El 24 y el 25 de diciembre, los regalos se intercambian y se leen. Familias enteras reunidas: u...

LIBROS Y ANIMALES : dos antídotos contra los psicópatas y los inútiles con poder.

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A veces nos perdemos en discusiones estériles: si Papá Noel y los Reyes Magos pertenecen al ámbito de lo religioso o si son apenas una coartada pagana, una maquinaria aceitada para empujarnos a consumir y a olvidar —aunque sea por unos días— todo lo demás: lo que duele, lo que falta, lo que nos quitan. Se habla de fantasía, de distracción masiva, como si la ilusión fuera siempre una forma de engaño. ✨ A mí, que no soy ni religioso ni pagano, esta época del año me resulta hermosa. Tal vez porque, en medio del ruido y la exageración, todavía se abren pequeños paréntesis donde es posible algo tan sencillo y tan raro como compartir una mesa, una risa, un momento de alegría con otros. Y eso —más allá de los credos, los símbolos y el marketing— no es poca cosa. 🌍 Sabiendo lo que sucede en el mundo, resulta casi inevitable pensar que nos vendrían mejor más Reyes Magos que psicópatas al mando de países con arsenales nucleares capaces de convertir el planeta en cenizas en cues...