Si París no es una fiesta, siempre tendremos Casablanca
Una amiga muy querida que vive en París me contó, días después de Navidad, que en la ciudad ya casi no se siente el espíritu navideño de otros tiempos. No lo dijo con reproche ni con nostalgia militante, apenas como quien señala un cambio en el aire. Y arriesgó una explicación: la ciudad está hecha hoy de muchas religiones y muchas formas de creer, y aquella Navidad homogénea que recordábamos parece haberse diluido en esa mezcla. No faltaban las luces ni los árboles en las vidrieras —eso siempre está—, pero algo del clima festivo parecía haberse apagado. París sigue siendo París, sólo que ahora su Navidad es apenas una más entre tantas maneras de estar en el mundo. 📚 En otra época este relato quizá nos habría parecido extraño, porque al fin y al cabo París siempre fue una mezcla de culturas y religiones. Pero aun así, no deja de resultar un poco fabuloso esto que pasa ahora, como si la ciudad hubiera cambiado de piel sin que nadie lo notara del todo. Tan raro —o tan dis...