Cuando leíamos paredes Acompáñenme al pasado. Síganme hasta los primeros meses de 1988. Véanme caminar por una ciudad que no es la mía. Un mundo donde no existía el ruido instantáneo de los mails ni el maremoto de las redes sociales. Yo era el cadete de una empresa en Rosario. Me ganaba la vida caminando todo el día por la ciudad, fingiendo conocer sus calles a la perfección, para poder vivir, estudiar, comprar libros y, cuando sobraba algo, ir al cine. Todavía no lo sabía, pero mientras caminaba estaba siguiendo las huellas de alguien que escribía en las paredes de la ciudad. Tanto caminar tiene sus consecuencias: uno termina mirando las paredes hasta que aprende a leerlas. En esa época las paredes eran puro texto: un griterío de afiches, grafitis y frases escritas con aerosol. Pero a mí lo que realmente me llamaba la atención eran otros escritos, más rudimentarios y personales. Estaban hechos con tiza, con ca...
LA MÚSICA DE LAS LATAS Se dice que a Sergio Paz le decían “Tachi” porque de chico, en algún rincón de Rosario, era capaz de sacarle música a cualquier lata que encontrara. Tenía esa habilidad. Quizás por eso —o quizás porque sabía que más allá del río Paraná estaba el mar— a los quince años se alistó en la Armada. A los diecisiete ya estaba embarcado en el destructor Seguí. Después pasó por el portaaviones 25 de Mayo. Tenía veinte años y era cabo artillero cuando lo mandaron a Malvinas. Cambió las latas por un fusil y cumplió los veintiún años entre el frío, las balas y el barro de las islas. Volvió vivo. Pero la guerra no siempre termina cuando termina la guerra. Hay una estadística que suele circular por lo bajo. En Malvinas murieron 649 argentinos. En los años que siguieron, cerca de 400 excombatientes se suicidaron. De los caídos nos acordamos cada 2 de abril. A veces ta...