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LAS MUJERES QUE NO CONOCEN EL FRÍO

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Las mujeres que no conocen el frío ❄️ Las mujeres que no conocen el frío ❄️ ✨ ❄️ ✨ Claudia me hizo acordar de golpe a Daeng. Esa mujer tailandesa, madre de cuatro hijos, que, según el padre de turno, salían budistas o musulmanes, sin que a ella le importara demasiado el detalle doctrinal. Un día, en el extremo más olvidado de Koh Samui —ese lugar donde los extranjeros casi nunca pisan, o casi nunca pisaban—, le preguntó a Leila Guerriero cómo era el frío. Porque Daeng solo conocía el calor. Ese calor que no se va nunca, que se te pega a la piel como una segunda patria. 🌴 🌏 🌴 Claudia, en cambio, nació en Bucaramanga. Bajo un sol que no entiende de estaciones. En 2002, cuando todavía el 2001 argentino dolía como una costilla quebrada, llegó un rosarino con la valija llena de nada y los ojos llenos de todo lo que había perdido. Había probado suerte en Italia, pero las calles de Europa no le dieron refugio y se conv...

MAR DE PLÁSTICO

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MAR DE PLÁSTICO 🌊🧴 MAR DE PLÁSTICO 🌊🧴 La estación de buses de Alicante, por momentos, se convierte en una pequeña Babel. Mientras la Guardia Civil pasea por las plataformas con sus K9 olfateando entre los pasajeros que esperan, en el bar del primer piso —cerca de las oficinas de empresas con carteles que prometen destinos tan dispares como Barcelona o Kiev— se entremezclan las voces: rumanos, rusos, turcos, distintos dialectos africanos, franceses, italianos y, también, algunos españoles. 🌊🧴🌊 Estoy tomando un café cuando se acerca un morocho alto, corpulento, y me ofrece una extraña fuente de madera que se arma y se desarma con una rapidez de truco barato. Le digo que no, le agradezco. Sonríe y tira la red: “¿Argentina? Messi, Maradona”. El déjà vu es inmediato. Recuerdo la misma escena en Roma, en Lisboa, en Madrid. Vendedores senegaleses, simpáticos y políglotas, que prueban todas las llaves del llavero: el fútbol, la sonrisa, la complicidad exprés. ...

34 KREUZER

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❄️🕊️ 34 KREUZER 🕊️❄️ El farmacéutico Eugene Schieffelin camina por Central Park. Es 1890. El invierno todavía se aferra a Nueva York y el aire de marzo corta la cara. Schieffelin, aficionado al teatro y devoto del “Bardo de Avon”, carga varias jaulas repletas de pájaros. Un hombre sentado en un banco lo observa: no todos los días se ve a alguien paseando con un pequeño concierto de alas prisioneras. Eugene avanza unos metros más, deja las jaulas en el suelo, respira hondo y, con una calma que parece ceremonial, comienza a abrirlas una por una. 🕊️ No lo sabe —nadie lo sabe—, pero en ese acto de fe en Shakespeare está soltando algo más que aves. Está alterando, para siempre, la ecología de un continente. ❄️ Inmigrante alemán, Schieffelin era miembro de la Sociedad Estadounidense de Aclimatación, una institución con un propósito tan inocente como arrogante: poblar el Nuevo Mundo con especies europeas. Árboles, aves, paisaje. Corregir la naturaleza. 🌍 Schieffeli...

EL ÚLTIMO QUE IMPRIME

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El último que imprime Hay una frase de Rodolfo Walsh que dice que el periodismo es libre o es una farsa. Al periodismo libre lo ejercen los que se asoman, miran, registran y cuentan. A la farsa se prestan los que se regalan, se alquilan o se venden por no asomarse. 📚 En esta aldea, por terquedad de algunos, el periodismo libre todavía existe. Un lugar donde ya casi nadie reconoce el sonido de una rotativa —ese ruido que pertenece a otra era— y, sin embargo, el latido sigue ahí. Sale de un galpón lejano, donde un hombre que no es periodista (no importa: escribe mejor que muchos que sí lo son) publica desde hace más de treinta años un periódico impreso. El último. El único. 📖 Se llama Fabián. No estudió periodismo. Ni falta que le hizo. Aprendió el oficio mirando. Escuchando. Quedándose cuando los demás se iban. Como se aprende en los pueblos: juntando escenas. Sabe cuándo una versión es apenas un rumor con ropa prestada y cuándo una historia mínima dice más que u...

EL CENTINELA DE LAS NUBES

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El centinela de las nubes Hay una foto de 1939 que parece salida de una novela de Bioy Casares: un hombre de traje oscuro y mirada severa, parado en una azotea de Caballito, manipula una caja de madera con dos antenas. Es Juan Baigorri Velar, el ingeniero que juraba tener la llave del cielo. La leyenda —una de nuestras formas de llamar a la verdad— dice que mientras el Servicio Meteorológico anunciaba sol radiante, Baigorri ajustaba un dial y obligaba a los porteños a salir corriendo a buscar paraguas. Lo llamaban “el mago de la lluvia” , aunque él, con esa modestia un poco altanera de los inventores solitarios, prefería decir que era un simple lector de las “congestiones del aire” . 📚 Se dice que una tarde de diciembre, harto de que los científicos de escritorio lo trataran de impostor, envió un telegrama al despacho del director del Servicio Oficial: “Para que no digan que soy un egoísta, ahí les mando un chaparrón” . Y el agua cayó, puntual y furiosa, sobre las cabez...

EL ARTE DE GUARDAR HIELO Y LA VERGUENZA DE VENDER HUMO

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El arte de guardar el frío y la vergüenza de vender humo Se dice que en Onil las muñecas no se fabrican: nacen. En ese rincón de Alicante, dentro de un palacete de tres plantas que parece sostener la respiración, viven mil doscientas figuras que miran sin parpadear. Son criaturas de otra época, algunas nacidas en 1850, cuando la infancia todavía no era un material descartable de plástico ni servía de combustible para los mercados. Hay algo perturbador y a la vez magnético en esa calma antigua; una obstinación silenciosa de las cosas que, de tanto quedarse quietas, terminan fabricando la memoria de todo un pueblo. 📚 Pero Onil no siempre vivió de los cuerpos de porcelana. Antes de las muñecas, vivió de un tráfico mucho más esquivo: el frío. 📖 ¿Hielo en Alicante? Suena a oxímoron, a una de esas bromas que el tiempo le gasta a la geografía. Pero ahí están los pozos, hondos y circulares, como cicatrices en la piedra. Los hombres de Onil sabían algo que nosotros olvidam...

EL AMO JUEGA AL ESCLAVO

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Hace poco, en nuestra aldea —que no es Macondo pero se le parece bastante—, alguien que se autopercibe comunista salió a hacer una defensa cerrada de una institución bancaria. No un banco cooperativo, no una caja mutual, no una cooperativa de obreros: un banco, a secas, con su mármol, su logo pulido y su vocación de interés compuesto. 📚 No hace falta ser un intelectual de fuste, ni haber subrayado con devoción El capital , para saber que un militante de la teoría clásica del comunismo —Marx, Engels y sus continuadores, esa gente que escribía largo y pensaba en serio— no debería aplaudir a los bancos tal como existen en el capitalismo. El manual básico del militante comunista, el de tapas gastadas, dice cosas bastante simples: que los bancos controlan el crédito y el dinero, que concentran capital privado, que obtienen ganancias a través del interés y que, en el proceso, refuerzan la desigualdad económica. No es una interpretación maliciosa: es lo que dice el dogma. 📖 ...