EL SILENCIO DEL MONTE
EL SILENCIO DEL MONTE Imaginen la estación de Villa Berthet, en el Chaco profundo. Son las dos de la mañana de un enero de 1940. El aire es una pared de calor que no deja pensar. Un jinete hace señales con una linterna para que el tren reduzca la marcha en medio de la nada. Hace apenas quince días que Jacinto Berzón, el encargado de una estancia, ha sido secuestrado. Detrás del primer jinete aparece otro, también vestido de negro, como si la oscuridad necesitara refuerzos. Cuando el tren aminora, desde una ventanilla vuela un paquete. Pero al acercarse ven que solo son recortes de diarios. Entonces una bengala rompe el cielo y vuelve la noche día: una luz cruda, policial, que les avisa que la única posibilidad de huir es hundirse en el monte y no mirar atrás. De pronto el silencio se rompió. Las Mauser, las Ballester Molina y hasta una Colt 7,65, agazapada bajo una lona en un vagón playo, empezaron a escupir plom...